El FMI destaca las conclusiones que se presentan en un artículo de Finance & Development Magazine (F&D), donde los autores centran su estudio en un fenómeno social que está afectando a muchas economías a nivel global: el envejecimiento de la población y la dificultad para asegurarles una calidad de vida digna.

El problema fundamental radica en que existe una alta tasa de crecimiento de la población adulta, versus una menor tasa de crecimiento de la población joven. Según la pirámide poblacional, es la población joven-adulta la que permite sostener y brindar asistencia a la población adulta-dependiente, fundamentalmente a través de los aportes a las pensiones.

El artículo plantea tres posibles alternativas para enfentar esta situación: aumentar la edad de jubilación, reducir los beneficios que ofrecen las pensiones o incrementar la contribución de los trabajadores. De las tres alternativas, según el artículo, la mejor opción sería aumentar la edad de jubilación, pues impulsa la demanda y aumenta la población en edad de trabajar. Por su parte, un detrimento de los beneficios pensionales desalentaría el consumo, y un aumento de las aportaciones igualmente desanimaría a la fuerza laboral.

Esta situación es una señal de alarma para muchos países que tienen una alta tasa de población adulta-dependiente, sobre todo en el caso de algunos países europeos. Si no se toman medidas contundentes a corto plazo, los nuevos jóvenes tendrán un panorama sombrío, pues sobre ellos recaería principalmente la responsabilidad de garantizar los sistemas de pensiones futuros.

Hoy, quienes diseñan las políticas económicas y sociales (policymakers) se enfrentan a un gran desafio intergeneracional.

El link para acceder al artículo del FMI:
http://www.imf.org/external/pubs/ft/survey/so/2011/new061011a.htm
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